Despidiendo el 2010.
No recuerdo ahora los conceptuosos términos de bienvenida al año 0. Lo que sí recuerdo es la esperanza puesta en el fin del año maldito. La esperanza puesta en el cierre definitivo del tour du malheur.
El año maldito no terminó el 31 de diciembre. Los despojos y las pérdidas continuaron. El satélite maldito continúo girando en órbita. La tierra se estremeció. La roja nos dio algunas alegrías. Por un instante fuimos todos chilenos. Personas. Seres humanos que pisan tierra. Nos abrazamos en el dolor y la alegría. En el llanto y en las risas. En las lágrimas de pena y las que desaguan de la emoción del triunfo.
Los escombros dejaron de ser metáfora para referir la vida, se desplomaron los cimientos de arena y barro, y los de acero y concreto.
La destrucción escondida entre las cuatro paredes de la propia existencia, sin más espectador que lo que quedó de uno, cayó como meteorito violentamente al espacio de lo real.
Se agrietó la tierra. El cielo lloró. El mar enfureció. Todo se fue a negro. El país se cortocircuitó al igual que nosotros. Black out. La fuerza de la naturaleza nos mostró nuestra nimiedad sin compasión alguna.
Tierra y mar solidarizan con uno.
Los próximos minutos: el horizonte más lejano. La hora siguiente: el proyecto de vida.
Barrer, limpiar, botar, soltar, enterrar….
Cuando todo se desmorona, cuando hay que barrer el derrumbe de una vida que no era, que no fue y no será, no hay más perspectiva que respirar. Y al minuto siguiente respirar.
Lo mejor y lo más siniestro del ser humano surgió de las grietas de la tierra. La escala evolutiva y la superviviencia de la especie se impusieron en su más ominosa realidad. El más fuerte, el más pillo, el más rápido, se comió al débil, despojado y malherido. No compartió el botín.
La locura frenética que provoca la fantasía del fin del mundo, vació los anaqueles de los que cuelga nuestra vida. Dejamos de cazar hace siglos. Rectifico, algunos dejaron de cazar hace siglos. Otros continúan de cacería tras la presa, con la que luego se pavonean por el mundo.
El año maldito terminó en Pascua de Resurrección. Y entonces sólo entonces y sin fuegos artificiales, ni fiesta, ni cotillón, con una tenue y tierna luz en el horizonte, se dispara el 2010. No es casual que el año termine en Pascua de Resurrección.
Bienvenido 2010… Sin exclamación y sin euforia. Sólo año cero que se despliega como página en blanco por escribir.
Recorro el campo minado una y otra vez.
De muerte a vida. Sobre-viviente. De muerta a viva. Resucitando. O, más bien re-nacer. Re-naciendo. Nacer. Re-construir. O, más bien construir sobre ningún re. Sin repetición. Sin partitura. Sin guión.
Asomando la cabeza fuera de la tumba. Una voz que titila. Unos ojos tristes y chispeantes de vida.
Agotar las palabras hasta la última gota. Estrujar el sin-sentido. Develar la oscuridad.
Esperanza en un torpe abrazo inconcluso.
Y seguir desgastando el sentido de las palabras. Cortas, breves, tangenciales, insuficientes, insípidas…encadenadas a una pobre y limitada significancia.
Estrujar y repasar el año maldito hasta el hartazgo. Y dar vueltas, y más vueltas como hámster en su rueda. Siempre me han conmovido esos bichos, que creen que van lejos y retornan una y otra vez al mismo punto de partida. Dan vuelta en banda y no lo saben.
La nueva vida que nace insipiente va plasmando de tinta indeleble la página en blanco del año cero.
Agradezco. Agradezco. Esperanzo sin destino. El horizonte está un poco más allá. Una luz brilla a lo lejos.
Desbarato fantasmas. Aunque Gasparin se mete por la ventana como un intruso inoportuno, de vez en cuando y de tanto en vez.
No queda llanto ya no trapeo lágrimas.
Ya no escribo porque la vida me vive. Como alguna vez escribí, hace un par de siglos atrás, entre el pudor y el descaro. Entre el infierno y el cielo, yace el espacio de la escritura. Entre el yo y ese otro, que a veces también soy yo. El que mira y observa la nimiedad y ridiculez del ser que se toma tan en serio y de tan en serio termina actuando su propio personaje. ¿Quién escribe en mí?. No soy otra sino mi misma que se busca, pierde, encuentra y reencuentra. La vida se instala, no puedo observar. Se alejan el drama y la tragedia, fuente de toda mi inspiración. Me necesito. Voy recuperando los fragmentos. Me necesito.
El ego se desploma. El alma habla. El alma ve. Mira. Descubre.
El dolor pegado en las entrañas empieza a doler menos.
Las heridas cicatrizan lentamente y sin pus bajo la costra.
Solo cicatrizan, sabemos que vivirán en nosotros. Dormidas.
Todo cambia y se mueve buscando el eje y el origen.
Caen cadenas, lastres, vendas y todo trasmuta.
Una mano amiga acompaña el caminar.
Una puerta se abre.
Una oportunidad.
Un afán.
Una flor, un pudor, un chocolate.
El mar acoge, contiene, mece. A-braza. A-caricia.
Estoy viva.
Remonto vuelo.
Un te quiero. Un te amo send. Y avanzamos.
El frio cala, penetra, duele. Es invierno.
La lluvia escasa, egoísta y mezquina. Es Santiago.
Mirando el caos. Administrando el caos. Ordenando el caos.
Avanza el año cero.
Gotas de rocío, traen aires de tranquilidad. Simpleza. Posibilidad.
Se avanza ligero, a veces a tientas y a veces tropiezos.
La vida fluye.
Regresa una sonrisa casi cotidiana y permanente y cada día descubro al menos un motivo para son-reír.
De cuando en cuando, aún llueven lágrimas descontextualizadas de un pasado terrorífico que condiciona y condena.
Las horas vuelan, el tiempo no alcanza. Los folios pasan la cuenta. Las horas vuelan, el tiempo corre. El reloj de arena no se detiene.
Sacas lección, apruebas el curso. Aprendes o no. Aún queda vida.
Los cóndores vuelan a tierras lejanas. Dejan la casa. Se alejan. Se van. Se despiden.
Doy vuelta el folio 4. Abro la página 1. Escribo. Vivo. Pluma y pincel. Verde esperanza. Morado trasmuta. Blanco pureza. Sencillez.
Doy gracias a la tregua. Gracias por la tregua.
Simplemente doy gracias. Una y otra y otra vez.
La virtualidad desciende a la tierra. Concreta. Se manifiesta. Se expresa. Sale a la luz. Es real.
Recuperamos los sueños. En año cero ¿cómo no recuperar la capacidad de soñar?
Desaparecen los fantasmas. El retrovisor no muestra nada más que una lejana humareda.
Descubro la esencia. Lo fundamental. Descarto superfluos. Adornos. Fuegos de artificio. Globos de jabón. Vanos. Fatuos. Liviandad del ser.
Soy. Existo. Estoy. Sigo. Avanzo. Vuelo.
Somos. Estamos. Seguimos. Avanzamos. Volamos.
Gracias año 0.
Gracias. Y nuevamente gracias.
Somos. Estamos. Seguimos. Avanzamos. Volamos. Y seguimos.
Lo reconozco, despedida de año críptica.
Sobran las palabras.
Sencillamente vivo. Sencillamente Amo.
Bienvenido 2011.

