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Archivo mensual: noviembre 2010

¡Hola mundo!

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Publicado por en 12 noviembre, 2010 in Sin categoría

 

Quiero vivir hasta mi muerte

Cuando era chica, había un libro en la biblioteca de mis padres que siempre me llamó la atención. Intrigante y misterioso, por el título. Confieso que nunca lo leí. Era de esos libros que cuando uno es chico, es demasiado gordo y de letra demasiado chica como para ponerse a nadar en el raudal de palabras. Ahora vive en mi biblioteca. Y ahora que soy grande tampoco lo he leído. De alguna manera, solo de alguna manera, el misterio incomprensible de su título se mantiene entre sus páginas.

El libro se titula “Quiero vivir hasta mi muerte”. Cuando era chica me parecía absurdo; una redundancia semántica y lingüística que solo los libros y los escritores se pueden permitir. Pensaba que era el título más estúpido que había visto y me preguntaba quién podía escribir algo tan ridículo. Todos los humanos y todos los seres viven hasta que se mueren.  Algo bastante obvio para una mente infantil que desconoce la metáfora y vive en la concretud líneal de la experiencia.  Para ilustrar la simpleza de la vida y la muerte que reside en el cerebro inmaduro, recuerdo que tuve un pájaro que murió de un infarto para un terremoto. Antes de estar muerto con las plumas fuera de su cuerpo revoloteando por toda la jaula, simplemente estaba vivo y volaba con sus plumas bien puestas en el pellejo. Tuve un pollo de patas chuecas, porque vivía en un balcón de cemento, y murió no sé de qué, lo que si sé, es que antes de estirar la pata, estaba vivo. También tuve un perro que ladraba hasta que se murió y los ladridos se fueron para siempre. Tenía una planta que murió, pero antes de muerta estaba viva, y daba unas flores rojas gigantes una vez al año. Y así, podría contar historias de vida y muerte de insectos que he asesinado, de peces sin oxigeno, de conejos…  También tuve un padre que murió, y antes de estar muerto, estaba casi vivo. El “casi vivo” proviene de la conclusión a la que llegué: con los humanos la cosa no es tan simple como con los bichos, las plantas y las bestias no humanas, sucede algo distinto, complejo, complicado, se mete la psiquis en la biología, las emociones en la psiquis, los pensamientos en las emociones, los recuerdos en los pensamientos, la experiencia en los recuerdos…   Parece que están vivos, pero no tanto.

Ahora que soy grande entendí lo que quiere decir “Quiero vivir hasta mi muerte” y sin necesidad de leer el libro. Comprendí que el 99,9% de los humanos está muerto antes de estarlo bajo tierra. A veces me pregunto si este no es un planeta de zombis. Confieso que jamás he visto un zombi ni en real ni en ficción. Sin embargo me siento con toda la autoridad para hablar al respecto aunque no los haya visto nunca. Los puedo imaginar y con eso es suficiente. He conocido personajes que dictan cátedra sin tener idea de lo que están hablando, y de lo más bien que parecieran ser expertos en la materia. Más aún, en estos tiempos en que la gente estuvo en París porque viajó por el google earth. Tienen amigos en China a los que no les conocen ni el color de pelo. Un amante en New York al que no han visto nunca. Han visitado Praga y recorrido el Nilo. Viajado en góndola en Venecia, visitado el Vaticano. Han comprado souvenirs con la tarjeta de crédito. Dicen sin pudor alguno,  haber estado dónde no han pisado las calles, olido sus barrios, mirado a la gente a los ojos, probado su comida, luchado contra la barrera idiomática. La imaginación de antaño, ha caído como meteorito en el concreto de la chantería. Me refiero a esos mismos que tienen una esposa en su cama a la que no miran ni de reojo y unos hijos a los que no les saben ni el nombre ni la edad.  

Me siento entonces, con toda la autoridad para decir que este planeta es la tierra de los zombis. Un planeta de fantasmas. Un planeta de muertos-vivos o vivos-muertos.

Ahora que soy grande, entendí esto de “Querer vivir hasta la muerte”, y también entendí que no es obvio, menos simple. En realidad, requiere esfuerzo, trabajo, voluntad, integridad, des-velo, despertar, querer, desear, volar, soñar, aterrizar. Requiere tener los pies en el barro, la cabeza en el cielo. Un cable a tierra y otros que traspasen la gravedad. No es fácil mantenerse vivo, V-I-V-O, en este virtualismo globalizado, globalizante y totalitario en el que se ha convertido nuestro mundo.    

Antes, uno tenía amigos que vivían en una casa, la casa tenía una dirección. Los amigos tenían padres, madres, padrastros, madrastras. Tenías dónde ubicarlos. Tenían ojos, pelo, olor, sonrisa, dientes con caries y no fotoshopeados.  Pololeabas en el sillón de la casa y aparecía de tanto en tanto la madre, la abuela, la hermana mayor a poner orden a las hormonas que revoleteaban en el sillón. Ibas al cine y comías gomitas. Los amigos tenían nombre y apellido. Y aunque no tuvieran casa, ni padre, ni madre, ni nadie en este mundo, uno podía encontrarlos debajo del puente aquel, en la esquina de la calle tanto o durmiendo en el internado. Leíamos libros que tenían tapas y hojas de papel. Jugábamos con pelotas de verdad y rompíamos el ventanal de la casa del vecino. Jugábamos con raquetas de verdad que nos lanzábamos por la cabeza. Tocábamos guitarra y cantábamos desafinado. Nos sentábamos en la cuneta y en las plazas. Subíamos arboles. Nos rompíamos las rodillas. Coleccionábamos estampillas que intercambiábamos como el tesoro más preciado. Jugábamos solitario con cartas que se nos perdían bajo la mesa.  

Ahora los amigos viven en una extensión que se llama Hotmail, gmail, yahoo, mi, net, los más egocéntricos viven en una extensión que lleva sus apellidos. No tienen nombres sino alter egos. Y no tienen uno, como las chapas de los guerrilleros,  sino que muchos. Uno para la ocasión y no hacen revolución. No tienen mirada, no tienen risa, no les brillan los ojos, no les caen lágrimas, no sabes si les duele, les alegra, les sueña, les anhela, les desea, les  “tedia”, les aburre…

Ahora que soy grande y entiendo la metáfora, comprendo que todo es una metáfora. La vida misma es una metáfora. Los seres humanos significantes. El lenguaje nuestra morada.  El enter el reduccionismo máximo de la existencia humana. Las ventanas no tienen vista a ninguna parte. El horizonte más lejano es una pantalla. El atardecer una imagen de muestra. El sonido de tu voz un buzón y tu mirada un pixel….   

Nota: Pido disculpas por mis genéticas y aprendidas formas de lanzar puntuaciones (dígase puntos, punto y coma-se un helado; comas, dos puntos, etc) dónde caigan o dónde me acomode respirar. Considerando el enfisema pulmonar, el referente es bastante egocéntrico. Algo parecido sucede con los acentos, vuelan, caen, aterrizan sin ninguna lógica y fuera de las reglas gramaticales. Pero, no olvidemos que la excepción hace la regla.  

 
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Publicado por en 9 noviembre, 2010 in Sin categoría

 

Lágrimas

Lágrimas de pena./

Lágrimas de rabia./

Lágrimas de impotencia./

Lágrimas de dolor./

Lágrimas de ahogo./

Lágrimas de soledad./

Lágrimas de engaño./

Lágrimas de mentira(s)./

Lágrimas de verdad./

Lágrimas de risa./

Lágrimas de alegría./

Lágrimas de vergüenza/

Lágrimas de sin- vergüenza./

Lágrimas de cebolla./

Pena de cebolla./
La mejor pena./

 
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Publicado por en 7 noviembre, 2010 in Sin categoría

 
 
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